CON NOMBRE DE MUJER (III)

Seguimos con la tarea de descubrir a mujeres de la antigüedad que nos dejaron su imprenta, aunque desgraciadamente lo hemos sabido mucho después. Ya habéis descubierto dos de ellas, aún nos quedan ocho, que no es más que una breve selección de un amplio número, porque fueron muchas, a pesar de su condición, las mujeres que legaron su sabiduria y conocimiento.

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3. Nací en Crotona en el siglo VI a. C., fuí discípula de Pitágoras con el que ya en su vejez me desposé. Aunque fueron mis escritos sobre matemáticas, física y medicina, sólo se conservan fragmentos, como el de la obra “Sobre la Piedad”. También hice tratados sobre los poliedros rgulares y sobre la teoría de la proporción, en particular sobre la proporción aúrea. Después de la rebelión contra el gobierno de Crotona, a la muerte de mi esposo, dirigí la comunidad, con la escuela destruida y sus miembros exiliados y dispersos; sin embargo, con la ayuda de dos de mis hijas difundí los conocimientos matemáticos y filosóficos por Grecia y Egipto.

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4. Nací en Alejandría en el siglo II d.  C. Fuí reconocida como la primera mujer alquimista. Las bases teóricas y prácticas de la química moderna se deben a mi, que firmaba con el pseudónimo de Miriam la Profetisa. Fuí la inventora de complicados aparatos de laboratorio para la destilación y sublimación de materias químicas y el Baño de Maria. De todos mis escritos apenas existen fragmentos de mi obra más conocida “Maria Práctica”.

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5. Viví en Grecia durante el sigl III a. C. Fuí conocida como la comadrona de Atenas y tuve que enfrentarme a una ley que prohibía a toda mujer el ejercicio de la medicina y de la obstectricia. Pero usando toda mi tenacidad me difracé de hombre y marché a Alejandría para estudiar medicina y especializarme en ginecología. Volvía a Atenas y, siempre disfrazada de hombre, ayudé en los embarazos, partos y abortos de mis compatriotas, aunque rebelaba mi identidad a mis pacientes.Por la envidia de otros médicos hombres, quienes veían mermar sus ganancias económicas, me denunciaron por practicar ilegalmente la asistencia en el parto y me acusaron de corromper a las mujeres de la ciudad. Al comparecer ante la autoridad tuve que levantarme la falda para dar prueba de mi sexo a lo jueces y fuí condenada a muerte por violar la ley, pero varias damas de la sociedad se aprestaron a morir conmigo, por lo que fuí liberada y me permitieron ejercer la medicina, sólo a mujeres y niños.

Ya sabéis que tenéis una semana para dar la respuesta correcta a la dirección de correo electrónico jelogar@ono.com

 

Una respuesta

  1. […] mujeres que quisieron rebelarse contra el statu quo, ya personajes literarios como Lisístrata, ya históricos como Aspasia, Teano, Hipatia o Agnodice. Es cierto que su éxito fue limitado, pero abrieron un […]

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