“῾ΥΠΕΡ ΤΟΥ ᾿ΑΔΥΝΑΤΟΥ” ΤΟΥ ΛΥΣΙΟΥ (I)

Como ya todos sabeis para el curso que viene en la asignatura de griego para segundo de bachiller en  la Comunidad valenciana se podrán traducir dos discursos judiciales de Lisias (desaparece Apología de Sócrates de Jenofonte que ha permanecido dos cursos, que se podía traducir y trabajar este actual curso junto En defensa de la muerte de Eratóstenes de Lisias), y queda sustituido por otro discurso de Lisias En defensa del inválido, permaneciendo junto a éste el de este curso actual En defensa de la muerte de Eratóstenes.

Así que a partir de este mismo momento quiero aportar mi granito de arena desde este blog trabajando el discurso nuevo para el curso que viene En defensa del inválido.

Antes  de nada unas consideraciones sobre el autor y la obra (fuente Sobre la retórica judicial de Lisias” de Manuel Maciás Pastor).

LISIAS.

                                                  

Por Platón en su República sabemos que los hermanos y el padre de Lisias eran miembros de la aristocracia política e intelectual de Atenas, en un ambiente de distinción y cultura. Parece ser que su padre era de origen siciliano.

En cuanto a Lisias no conocemos con precisión ni la fecha ni el lugar de su nacimiento, entre el 459 y el 444 a. C.

Seguramente aprovechando la publicidad que el Estado ateniense hacia para promover la colonización de lugares lejanos, con la múltiples finalidades de fortalecer su economía, asegurarse aliados en el momento preciso y desalojar el territorio de un exceso de población, Lisias se dirigió a Turios. Suponemos que quería conseguir los derechos de ciudadano que se concedían a todos los clerucos, y poder así, con el tiempo, desarrollar una actividad pública que le estaba vedada por su calidad de meteco en Atenas. Además en Turios funcionaba la escuela de retórica que sin duda atrajo a Lisias y a su hermano Polemarco, acostumbrados al ambiente refinado que habían vivido en Atenas.

Intervino allí en política a favor del partido filoateniense, y al regreso de la oligarquía fue expulsado de Turios entre trescientos ciudadanos que fomentaban la democracia. Regresó a Atenas y llevó una vida estable gozando de riquezas y bienes considerables.

Huyó a Megara durante el período de los Treinta y, cuando se restauró el gobierno democrático, privado de su patrimonio, empezó a trabajar  para mantenerse. Creó una escuela de retórica, pero pronto abandonó la enseñanza para dedicarse a la profesión de logógrafo.

Según la tradición reseñada por Dionisio de Halicarnaso, la obra de Lisias incluye:

  • Discursos que pertenecen a los géneros deliberativo, epidístico y judicial.
  • Obra varia representada por el Erótico, parafraseado en el Fedro de Platón.
  • Fragmentos del discursos y cartas.

Sus discursos son, en primer lugar, fuente para el conocimiento de las costumbres atenienses. En su calidad de logógrafo, Lisias servía a todo tipo de clientes y por ello se le ha acusado de oportunista, pues escribía indistintamente para defender una causa de parte oligárquica o bien de una parte democrática. Sin embargo es evidente que las simpatías de nuestro autor se  dirigían hacia la causa democrática por la que tanto luchó durante su vida, y que si aceptó escribir para clientes de otras tendencias, esto no debió representar para él una traición a una causa a la que, por otra parte, no tenía por qué estar ligado, pues no era un político de carrera sino mero simpatizante.

Lisias convirtió a su clientes en caracteres humanos clasificables simples, más enriquecidos y estilizados en la comedia de Menandro. Literariamente Lisias tiene un valor insuperable por esa caracterización especial de los clientes, los que los antiguos llamaron etopeya, que se logra presentando al cliente con una determinada manifestación de orgullo, simpleza y tontería. Muchos han criticado a Lisias por esta manera de presentación. Consideran indigno que Lisias diera a sus clientes un falso aspecto para ocultar los hechos verdaderos. Pero este verter algo del carácter del que habla en las oraciones resultaba un medio importante de prueba y refutación que trataba de disimular el mal efecto que se podía dar ante los jueces, cuya buena voluntad se pretendía alcanzar, presentando una variación de personalidades.

Encontró en este peculiar arte de la caracterización un excelente medio para triunfar que, combinado con la adaptación del discurso a las circunstancias de edad, ocupación, etc., del orador, y de la causa al tipo de jurado, lo consagró como invencible ante los tribunales.

Supo conferir al orador un aire moderado, razonable, y muchas veces ingenuo y tímido que lo hace digno del interés del tribunal. Este combinado con una hábil argumentación, logra siempre hacer aparecer lo peor como lo mejor. El artificio sólo se evidencia mediante una lectura cuidadosa y crítica que no estaba al alcance de los jueces en los tribunales.

Por otra parte, se adecuaba al orador un vocabulario que coincidiera con la personalidad que se le había trazado, y mucho había que tomar en cuenta para ello, la clase social y la profesión del individuo del que se trataba, pues de lo contrario los alegatos hubieran sido contraproducentes. Su vocabualrio no es más que el ático puro coloquial, sin mezcla de formas poéticas ni de palabras de nuevo cuño, sin metáforas demasiado audaces.

Así pues el mérito de Lisias está tanto en la facultad de descubrir los argumentos disponibles para cualquier circunstancia, como en la manera de arreglarlos en el discurso. Y es en esa disposición simple y uniforme, en lo que nuestro autor se distingue de todos los oradores del canón ático.

Lisias dividió sus discurso generalmente en cuatro partes:

-Proemio o Exordio. Que pretende captar la atención y simpatía del jurado, mediante una simple introducción a veces fomada de lugares comunes, pero siempre apropiada al asunto que está entre manos.

-Narración. Generalmente una exposición ordenada de argumentos a favor de la tesis sustentada y, en Lisias, una verdadera obra de arte. Se distingue por su concisión, claridad y encanto, pero sobre todo por un poder de convencimiento que se produce sin aparente esfuerzo por convencer.

-Discusión. Donde Lisias saca las consecuencias de  los hechos, ligando entre sí los argumentos de forma breve y muchas veces ingeniosa, a base de comparaciones o razonamientos muy simples que van directamente a lo esencial. Sim embargo, su oratoria no es de παθὸς, no insiste sobre los argumentos y sólo se contenta con indicar la evidencia. Muchas veces las formas más apasionadas de su dialéctica se logran mediante interrogaciones vivas o algunos dilemas en que se encierra a sus adversarios. No se vale ni del sarcasmo ni de la fuerza del sentimiento.

-Refutación. Agregada sólo a veces, con la intención de despretigiar al adversario atacándolo directamente.

-Epílogo o peroración. En la que se pretendía el favor para el orador y el disfavor para el adversario, y en dornde para lograrlo se excitaban las emociones del jurado. Como el exordio, tenía lugares comunes consagrados y el orador recordaba a los jurados su cualidades personales y servicios públicos, a más de mostrarles las consecuencias que su decisión tendría. Por lo general, Lisias evitaba una recapitulación demasiado lógica y termina con palabras usualmente simples.

Su estilo magistral, cuyas virtudes esenciales son la pureza del discurso, la eleganci, la claridad de exposición y la vivacidad en la presentación de acontecimientos y personas, lo hicieron representante del ” tenue discendi genus”. Aprovechó inmejorablemente la experiencia literaria de Heródoto, Tucídides, Gorgias y Antifonte, evitando los excesos de aquellos e imitando sus aciertos.

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